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Ciudades precolombinas en la Amazonía: lo que el LiDAR reveló en Upano y los Llanos de Mojos

Ciudades precolombinas en la Amazonía: lo que el LiDAR reveló en Upano y los Llanos de Mojos

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Cuando se habla de ciudades precolombinas en la Amazonía, es fácil que la imaginación produzca templos de piedra ocultos bajo la selva. La imagen es atractiva, pero no se corresponde del todo con lo que la arqueología ha documentado. En las últimas décadas, y de forma especialmente visible con el uso del LiDAR, han aparecido paisajes urbanos prehispánicos extensos y conectados en distintas regiones amazónicas.

Dos casos suelen concentrar la atención: el valle del Upano, en la Amazonía ecuatoriana, y los Llanos de Mojos, en la Amazonía boliviana. Ambos fueron estudiados con LiDAR y ambos revelaron formas de ocupación complejas. Sin embargo, no son la misma “ciudad perdida”: tienen cronologías, culturas y características diferentes. Entender esa diferencia es clave para no convertir un hallazgo científico en una fantasía.

Este artículo explica qué reveló realmente el LiDAR, cómo funciona esta tecnología, qué se encontró en cada región y hasta qué punto es correcto hablar de “ciudades”. También aclara qué preguntas siguen abiertas. La idea central es sencilla: la Amazonía precolombina fue más compleja de lo que sugería la imagen de una selva vacía, pero los hallazgos no permiten afirmar que toda la cuenca estuviera densamente urbanizada.

Una Amazonía construida: lo que el LiDAR cambió en la arqueología

El punto de partida es un cambio de escala. En 2024, un estudio publicado en Science y titulado Two thousand years of garden urbanism in the Upper Amazon, liderado por Stéphen Rostain, utilizó LiDAR para cartografiar un paisaje urbano prehispánico en el valle del Upano, en la Amazonía ecuatoriana. En 2022, un estudio publicado en Nature y titulado Lidar reveals pre-Hispanic low-density urbanism in the Bolivian Amazon, liderado por Heiko Prümers, había revelado mediante LiDAR un urbanismo de baja densidad de la cultura Casarabe en los Llanos de Mojos, Bolivia.

La etiqueta “ciudades perdidas” es popular, pero imprecisa. El LiDAR revela la extensión y la conexión de paisajes y asentamientos; no muestra ciudades intactas de fantasía. Además, en varios casos los sitios ya eran conocidos o parcialmente documentados. Lo que cambia con estos estudios es la escala de lo observado y la interpretación del paisaje.

Por eso conviene distinguir entre “descubrimiento”, “revelación mediante teledetección” y “reinterpretación arqueológica”. El LiDAR aporta datos que después deben interpretarse, compararse y verificarse en campo. No sustituye la excavación arqueológica ni resuelve por sí solo las preguntas sobre quiénes vivieron allí, cómo se organizaban o por qué abandonaron esos lugares.

Cómo funciona el LiDAR y por qué no es una cámara que ve a través de todo

LiDAR es una tecnología de teledetección que usa pulsos láser para medir distancias y generar modelos del terreno. Normalmente se emplea desde una aeronave o un dron. Los pulsos rebotan en la vegetación, en el suelo y en otros elementos, y con ese retorno se construyen representaciones del paisaje. La NOAA explica qué es el LiDAR como una técnica de teledetección basada en láser.

Con un procesamiento adecuado, los datos LiDAR pueden permitir cartografiar el suelo bajo la vegetación. Esa es su gran utilidad en selvas cerradas, donde las estructuras de tierra pueden quedar ocultas por árboles y maleza. Pero no es una cámara que “ve a través” de todo ni un escáner que atraviesa el suelo. LiDAR no muestra objetos enterrados como si fueran una radiografía.

Los datos deben interpretarse y verificarse en campo. Una anomalía en el terreno puede ser una plataforma construida, pero también otro tipo de modificación. La arqueología necesita combinar la teledetección con trabajo de campo, análisis y contexto. Esta precisión es importante para no exagerar lo que la tecnología puede hacer.

El valle del Upano, Ecuador: 6.000 plataformas y una red de caminos

El estudio de 2024 en Science describe un paisaje urbano prehispánico en el valle del Upano, en la Amazonía ecuatoriana. El levantamiento LiDAR cubrió aproximadamente 300 km² y permitió identificar más de 6.000 plataformas de tierra y una red de caminos. Son cifras que hablan de una modificación extensa del paisaje, no de un puñado de casas aisladas.

El estudio identificó una quincena de asentamientos conectados por caminos, con plazas, terrazas, canales y plataformas rectangulares. La ocupación del paisaje se remonta a alrededor de 500 a.C. y se prolongó hasta cerca de 300-600 d.C. Es decir, se trata de un proceso de larga duración, anterior en siglos a la llegada de los europeos.

Estos datos muestran un paisaje de gran extensión y conectado. Pero no deben convertirse automáticamente en la imagen de una ciudad intacta. Lo que revela el LiDAR es una organización del terreno, con plataformas, caminos y otros elementos, cuya interpretación forma parte del trabajo arqueológico.

Urbanismo de jardín: casas, cultivos y caminos integrados

Los autores describen el fenómeno del Upano como “urbanismo de jardín”, con agricultura y manejo del paisaje integrados a los asentamientos. La expresión no significa que todo el paisaje fuera un parque ni que no existieran construcciones; apunta a una forma de ocupación en la que las áreas cultivadas, los caminos y las modificaciones del terreno formaban parte del mismo sistema.

Esta forma de urbanismo no implica necesariamente una densidad urbana comparable a la de ciudades europeas, mayas o incas. El concepto ayuda a entender por qué el término “ciudad” debe usarse con matices. La evidencia disponible describe asentamientos integrados con áreas cultivadas y modificaciones del terreno, no una trama de piedra como la de otros contextos americanos.

Llanos de Mojos, Bolivia: la red Casarabe de baja densidad

El caso boliviano es distinto. En 2022, el estudio en Nature liderado por Heiko Prümers reveló mediante LiDAR un urbanismo de baja densidad de la cultura Casarabe en los Llanos de Mojos, en la Amazonía boliviana. Se identificaron 26 asentamientos Casarabe, incluidos dos centros urbanos grandes, Cotoca y Landívar, conectados por calzadas y con infraestructura monumental.

El levantamiento LiDAR en los Llanos de Mojos abarcó aproximadamente 200 km². La cultura Casarabe se desarrolló aproximadamente entre 500 y 1400 d.C. en la Amazonía boliviana. Son fechas y cifras que deben atribuirse al estudio original y no mezclarse con las del valle del Upano.

La expresión “urbanismo de baja densidad” describe un tipo de organización con centros, calzadas y estructuras monumentales, pero sin la concentración que suele asociarse a una ciudad europea o andina. Es una forma de urbanismo amazónico que amplía lo que entendemos por vida urbana en el pasado.

Upano y Llanos de Mojos no son la misma “ciudad perdida”

Upano y Llanos de Mojos suelen aparecer juntos en titulares sobre ciudades ocultas en la Amazonía. Sin embargo, son casos arqueológicos distintos, con cronologías, culturas y formas de urbanismo diferentes. Mezclarlos bajo una etiqueta única simplifica demasiado la evidencia.

En el valle del Upano, el estudio de 2024 documentó un paisaje con más de 6.000 plataformas, una red de caminos y 15 asentamientos, asociado a ocupaciones de aproximadamente 500 a.C. a 300-600 d.C. En los Llanos de Mojos, el estudio de 2022 identificó 26 asentamientos Casarabe, entre ellos Cotoca y Landívar, con calzadas e infraestructura monumental, en una cronología aproximada de 500 a 1400 d.C.

Aspecto Valle del Upano (Ecuador) Llanos de Mojos (Bolivia)
Cronología aproximada 500 a.C.-300/600 d.C. 500-1400 d.C.
Cultura o contexto Sociedades prehispánicas del valle del Upano Cultura Casarabe
Datos principales Levantamiento LiDAR de aprox. 300 km²; más de 6.000 plataformas; 15 asentamientos; red de caminos Levantamiento LiDAR de aprox. 200 km²; 26 asentamientos; Cotoca y Landívar; calzadas e infraestructura monumental
Forma de urbanismo Urbanismo de jardín Urbanismo de baja densidad
Fuente Science, 2024 (Rostain) Nature, 2022 (Prümers)

Los hallazgos no implican que toda la Amazonía estuviera densamente urbanizada. La evidencia muestra concentraciones regionales y diversos grados de ocupación. Por eso, no conviene trasladar lo observado en Upano o en los Llanos de Mojos a toda la cuenca amazónica como si fuera una regla general.

¿Eran ciudades? Qué significa urbanismo en la Amazonía precolombina

La pregunta central sigue siendo hasta qué punto es correcto llamar “ciudades” a estos asentamientos. En los casos documentados no aparecen ciudades de piedra comparables a las mayas o incas. Aparecen plataformas de tierra, calzadas, canales, plazas y formas de urbanismo de baja densidad o “de jardín”.

El término “ciudad” puede aplicarse con matices a paisajes urbanos de baja densidad, pero no debe usarse para sugerir una equivalencia directa con modelos andinos o mesoamericanos. Los hallazgos muestran modificaciones del paisaje y asentamientos conectados, no una fantasía de ciudades intactas. La evidencia apunta a sociedades que transformaron su entorno y organizaron el espacio de maneras complejas.

Esa complejidad es quizá lo más importante. No hace falta imaginar murallas de piedra para reconocer un paisaje construido. Las plataformas, caminos y canales son parte de una arquitectura del territorio que la arqueología está empezando a dimensionar con más precisión.

Antes del LiDAR: el Alto Xingu y la evidencia de paisajes transformados

La historia no empieza en 2024. Investigaciones previas en el Alto Xingu, Brasil, ya habían documentado urbanismo y paisajes antropogénicos precolombinos. Un artículo publicado en Science en 2008, titulado Pre-Columbian Urbanism, Anthropogenic Landscapes, and the Future of the Amazon, forma parte de esa línea de evidencia. Esos trabajos mostraron que la Amazonía no era una selva prístina despoblada.

Los estudios LiDAR recientes amplían la escala y la interpretación, pero no parten de cero. Además, el estudio de Bolivia se publicó en 2022, antes del de Upano en 2024. Por eso, presentar 2024 como el primer indicio de urbanismo precolombino en la Amazonía sería inexacto.

La evidencia previa ayuda a entender que no se trata de un caso aislado ni de un descubrimiento sin historia. Lo nuevo es la capacidad de ver, con mayor detalle y extensión, cómo se organizaban algunos paisajes amazónicos antes de la llegada de los europeos.

Lo que aún no sabemos: población, abandono y conservación

Las causas del abandono de estos asentamientos y las estimaciones de población no están plenamente resueltas. Deben presentarse como temas de investigación, no como hechos cerrados. No hay cifras definitivas en la información disponible sobre cuántas personas vivían en Upano o en los Llanos de Mojos.

LiDAR no sustituye la excavación arqueológica. Los datos deben interpretarse y verificarse en campo, y la arqueología necesita combinar teledetección, estudio del terreno y análisis contextual. La tecnología permite ver mejor ciertas huellas del paisaje, pero no responde por sí sola a todas las preguntas históricas.

También importa la conservación. Los sitios arqueológicos no son “tesoros vacíos”; su estudio y difusión deben considerar la protección del patrimonio y el contexto de las comunidades locales. Hablar de ciudades ocultas sin esa sensibilidad puede convertir un hallazgo científico en un espectáculo.

Conclusión: una Amazonía más compleja, no una selva vacía

El LiDAR ha revelado paisajes urbanos prehispánicos extensos y conectados en el valle del Upano y en los Llanos de Mojos. Los hallazgos desafían la idea de una Amazonía prístina y despoblada, pero no deben generalizarse a toda la cuenca amazónica. La evidencia muestra concentraciones regionales y distintos grados de ocupación.

Las ciudades precolombinas en la Amazonía no aparecen como ciudades intactas de fantasía, sino como paisajes construidos, con plataformas, caminos, calzadas, canales y formas de urbanismo que requieren matices. La arqueología amazónica sigue abierta: el LiDAR es una herramienta poderosa, no una respuesta final.

No. LiDAR usa pulsos láser para medir distancias y generar modelos del terreno; con procesamiento adecuado puede cartografiar el suelo bajo la vegetación, pero no atraviesa el suelo ni sustituye la excavación arqueológica.

No. La evidencia muestra sociedades indígenas complejas y paisajes transformados en varias regiones, pero los hallazgos no implican que toda la Amazonía estuviera densamente urbanizada; se observan concentraciones regionales y diversos grados de ocupación.

No hay cifras definitivas en la investigación disponible. Las estimaciones de población y las causas del abandono de estos asentamientos no están plenamente resueltas y deben presentarse como temas de investigación.

Los estudios los atribuyen a sociedades prehispánicas del valle del Upano. La investigación arqueológica sigue abierta y no conviene simplificar su autoría.